lunes, 3 de octubre de 2016

Prólogo a "Trampantojo", de José Alejandro Peña

La poesía es una casa más bella que la prosa
León Félix Batista

Trampantojo es una casa con seis puertas: una roja, una amarilla, una gris, otra amarilla, una blanca y una negra, muy cercanas estas últimas. Se trata del espectro luminoso que reproduce un prisma particular y único, una “trampa ante el ojo”, por lo cual para poder entrar (es decir, para leer) hay que ver cuál puerta abrir, en virtud de que todas hacen la función de umbral.
La puerta roja (“el puerto de la puerta donde todo comienza”), perfora, rompe y decapita, porque es la puerta del espejo, la puerta de entrada al cuerpo, la abertura al erotismo de la carne seducida, que seduce “la sed con un vaso vacío” a su vez, y capilar, poro por poro.
Aparece además una puerta amarilla de entrada a lo interior. Será la puerta hacia el amor sublime, a la fusión trascendental de la materia nuestra con la de la amada. Desde su vano etéreo “ella mira la luz toda la luz en una puerta”. Llama (es amarilla, claro), arde.
Y, sin embargo, la casa del poema tiene una puerta gris también, por debajo de la cual se cuela la neblina de la soledad, de la orfandad. El humo de la nada. No hay llave para ella, carece de cerradura, dado que “La puerta gris que tú dibujas/ con tu dedo sobre la nada/ es invisible como un desierto”. Para que permanezcas, dice, antes de que te acerques a otra posibilidad…
…que es otra puerta amarilla, supuestamente frontal, una puerta por la que nadie entra sino que solo sale hacia la claridad. “Si pones un rayo de sol sobre un rayo de sol/ habrás creado el sonido del viento y no la luz”, pues se sabe que “una luz verdadera no alumbra todo el tiempo” y que “la bruma ocupa el sitio de las piedras” que componen las paredes. Esa plasticidad, tan del poema, es más patente aun en esta parte.
Por último, una puerta blanca (¿tal vez la de la página?) para cuajar el mundo a través del tiempo, a la cual sigue…
…una puerta negra, una puerta del espejo, que “abre y cierra los finales”: la puerta negra del espejo a oscuras, el que refleja mejor que cualquier otra superficie la realidad de la poesía, otra que la poesía de la realidad.
Y para terminar, como trompe-l'œil verbal más que visivo, esta casa de naipes de palabras cuenta con una sola ventana, a través de la cual se escabulle la ventana misma “como el cuerpo que escapa/ de sí mismo a toda marcha”, instalándose la casa en el vacío.
Como cien años antes de que José Alejandro Peña naciera Emily Dickinson describió esta ilusión poética –u óptica– por él:

Vivo en la posibilidad;
una casa más bella que la prosa.
Más numerosa en ventanas;
y mucho mayor en puertas
(Versión libre de León Félix Batista de la primera estrofa del poema clasificado como F-466, de 1862: I dwell in Possibility –/ A fairer House than Prose – / More numerous of Windows –/Superior – for Doors – )

José Alejandro Peña, "Trampantojo" Almava Editores, Colección Géiser de Poesía, Nueva York, 2016



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