martes, 25 de marzo de 2014

Mosaico Fluido, León Félix Batista
Edición bilingüe portugués-castellano.
Traducción de Adriana Zapparoli
Lumme Editor, Sao Paulo, Brasil, marzo de 2014


León Félix Batista es una de las voces más originales de la nueva poesía que se está gestando desde el Caribe hasta el Río de la Plata: voces acuáticas, voces minerales, vegetales, voces de la piel que se eleva a las estrellas. Poemas que son juegos que son cábalas que son códigos que son emblemas que son laberintos donde la voluntad no está buscando a su madre, sino lo que se pierde en el mar de la elipsis. Porque todo es máscaras danzantes, máscaras rituales, máscaras bélicas, máscaras sexuales, máscaras que multiplican el rostro en la infinidad de rostros posibles. Y cada máscara es una canción y cada canción es un torbellino y cada torbellino es el sueño de una geisha adormecida o un samurai enloquecido. ¿Su origen? Ninguno: Mi patria es mi lengua, y mi lengua es una extensión de vocablos que no encuentran punto de partida: son jeroglíficos son pictogramas son ideogramas son runas son sonidos vocálicos esculpidos en la sombra de una serpiente. Porque el poeta es un mago y todo lo que entona (monótonamente) encarna un filme de imágenes mentales –fanopeia, diría Mr. Pound? O alguna cosa, esencialmente otra, caleidoscópica, en cíclica transmutación? En ese sentido –¿dónde está el sentido ? El sentido está en la sensación de que todo se transforma en otra cosa y el poeta es aquel que inventa aquello que nunca existió.

(Claudio Daniel, fragmento del prólogo)

jueves, 30 de mayo de 2013

PORTADAS DE ALGUNOS DE MIS LIBROS:


El oscuro semejante (Egro, Santo Domingo, 1989)
Negro Eterno (Acessit premio poesía Casa de Teatro, Santo Domingo, 1997)
Vicio (Acessit premio poesía Casa de Teatro, Santo Domingo, 1999)
Burdel Nirvana (Premio poesía Casa de Teatro, Santo Domingo, 2000)
Se borra si es leído, Poesía 1989-1999 (Consejo de Cultura, Santo Domingo, 2000)
Crónico (Tsé Tsé, Buenos Aires, 2000)
Prosa do que está na esfera (Olavobrás, Sao Paulo, 2003)
Prosa del que está en la esfera (Tsé Tsé, Buenos Aires, 2006)
Mosaico Fluido (premio de poesía Emilio PrudHomme, Santo Domingo, 2006)
Prosa del que está en la esfera (UASD, Santo Domingo, 2007)
Pseudolibro (Premio de poesía UCE, Santo Domingo, 2008)
Delirium semen (Aldus, México, 2010)
Catorce Torsos (Felicita Cartonera, Paraguay, 2011)
Caducidad (Amargord, Madrid, 2011)
Sin textos no hay paradiso (Gamar, Colombia, 2012)

jueves, 18 de abril de 2013

Prólogo a SOL PARA LAS DOCE, antología de Pedro Mir (Alfaguara, abril 2013)



La poesía de Pedro Mir se nos revela siempre otra en su re-armado: característica propia de toda obra trascendente. En tal sentido, regresar a una reunión de sus trazos líricos, compilarlos otra vez, es producir una figura nueva con las mismas piezas del rompecabezas.
Existe una profusa bibliografía sobre la obra de nuestro Poeta Nacional, la que por lo regular destaca el basamento político-ideológico de gran parte de sus textos. Sin embargo, esta faceta, la más ponderada y acentuada, es sólo una de las fases de su obra –aunque sin dudas la más importante–, cosa que nos ha interesado destacar con esta antología. Nuestro criterio de selección, por tanto, ha sido una tentativa de arcoíris: en la unidad de un fenómeno mostrar una paleta diversa de colores. En busca de este efecto, escogimos poemas procedentes de prácticamente su ciclo vital y creativo completo, que se extendió desde 1949 hasta 1998 en términos de fechas de publicación. Mir vivió entre 1913 y 2000, datos indicadores de su rápido dominio del oficio y su extendida capacidad creativa. Los lectores hallarán, por ello, en un orden aleatorio, poemas sociales, románticos, políticos, eróticos e incluso bucólicos. Eso en cuanto a contenidos. Pero obtendrá lo mismo en la diversidad de formas: Mir produjo sonetos perfectos, tonadillas, poemas rabiosamente versolibristas, así como formatos cortísimos y amplios, dislocaciones de los espacios e interlineados, sangrados, subdivisiones, etc. Naturalmente, no hay mejor entrada a cualquier compilación poética de Pedro Mir que su texto cumbre, Hay un país en el mundo.
Habría que señalar una característica inesperadamente evolutiva de su lírica social: lo que en su momento fue una tendencia americanista bajo la atmósfera de la Guerra Fría: la polarización de las ideologías y las luchas antiimperialistas de nuestros pueblos, marcó una impronta positiva y propositiva en la poesía de Mir. Sus cantos por el hombre total, por el depauperado y por nosotros mismos; su amén de mariposas y sus viajes a la muchedumbre, fueron todos momentos de esperanza, de optimismo. El cantor de las masas que era Mir, sin embargo, parecía velar en su poesía lo que se devela, a raíz del fracaso de las luchas libertarias de ese entonces: una veta de negro pesimismo al comprender que el poema sólo puede denunciar, sancionar –dejar por escrito– la opresión, el crimen, el despojo, la miseria. Lo cierto es lo más notable: que en Mir podemos ver una inequívoca identificación entre su obra y su obrar, es decir, entre contexto de escritura y conducta vital.
Finalmente, es pertinente recordar que hay un país en el mundo, y que es el nuestro, donde, a exactamente cien años de distancia del nacimiento del Padre de la Patria Juan Pablo Duarte (1813), nace el Poeta Nacional Pedro Mir, el Poeta de la Patria. El azar siempre hace coincidir fechas felices.

León Félix Batista

domingo, 14 de abril de 2013

7 poemas de Philip Lamantia (EUA, 1927-2005)



PÁJARO HERMÉTICO



Este cielo es para ser abierto
ese cuerpo saqueado para ser querido
esta linterna para ser atada
alrededor de los colmillos de tu corazón

Perdido por un puente
moviéndome a través de mares de
tragedia
por entre islas de mujeres inflamables
me detengo
con mis plumas enredadas en tu ombligo
con mis alas opalinas en la noche
y pronuncio palabras que se oirán mañana
en una pequeña carreta campesina
del siglo diez y siete

Aliento a aliento
el vaso se rompe en el sepulcro
para dar nacimiento a un temblor
ambulante
de Esfinge, dulce pájaro, fiera dulce
hambrienta de ti
hambrienta de tu madre

Los niños en las lámparas
juegan con nuestros cabellos
oscilando en la nada

He aquí un paisaje de fuego
He aquí caballos húmedos por los agrios
fluidos de mujeres

En los pilares de nicotina
la palabra placer es borrada por la lengua
de un perro
en los pilares los cuerpos
abiertos son con llaves
las llaves están sujetas a mi cama
para tocarlas en la aurora

para ser utilizadas en un sueño

Si un sólo sonido más es escuchado
los niños llegarán para matar
en el fondo del lago
en el fondo del lago

Si los niños asesinan
los búhos sangrarán
humanos caprichosos
que desfilan en los sótanos del sol

Cuando se hundan las columnas en el mar
envolviendo en el estrépito profecías y
dementes
juntos en una pequeña cuna
alzados en la túnica del deseo
y con las bocas abiertas hacia las estrellas
aullando para que los castillos se fundan
a nuestros pies
tú y yo
cabalgaremos sobre los pechos de nuestra
madre
que no conoce a nadie
que nació de pájaros desconocidos
para siempre en el silencio
para siempre entre los sueños
para siempre en el sudor del fuego.


HAY ESTA DISTANCIA ENTRE
LO QUE VEO Y YO



Hay esta distancia entre lo que veo y yo
la inmanencia en todas partes de la
presencia de Dios
no más éxtasis
una cabeza fría
acecha acecha acecha
Yo estoy aquí
El está allá... Es un océano...
a veces no puedo pensar en ello, fracaso,
caigo
Hay esta mirada de amor
hay la torre de David
hay el trono de la sabiduría
hay la mirada silenciosa del amor
Constante vuelo en el aire del Espíritu
Santo
yo suspiro por la luminosa oscuridad de
Dios
yo suspiro por la superesencial luz de esta
oscuridad
otra oscuridad suspiro por el fin de suspirar
suspiro por el...
es innombrable por lo que suspiro
una palabra dicha atrapada en su propia
carne diciendo nada
Esta nada embelesa más allá del embeleso
Hay esta mirada de amor Trono
Silencioso mirada de amor



CAPRICORNIO ES UNA RODILLA HERIDA


Claro que la noche está manchada
de ectoplasma
la sangre del águila fluye sobre los
planetas
y nosotros echamos un hechizo por siete
halcones para volar hacia la luna
aquel silencio puede ser que prevalezca
para sobrecoger a los ruidosos pobladores
y nosotros escuchar las canciones cuando
irrumpen
de los labios del aire



VOY


La estoy siguiendo hasta la luna vacilante
hasta un puente por el largo litoral
hasta valles de bella piromanía
hasta flores muertas en un espejo de amor
hasta hombres consumiendo minutos
salvajes de un reloj
hasta manos jugando en bolsillos
celestiales
y hasta aquel salón oscuro al lado de un
castillo
de jóvenes voces cantándole a la luna.

Cuando salga el sol ella vivirá en un cielo
cubierto con sangre de gorrión
y envuelto en telares de perdida
decadencia.

Pero yo estoy yendo hacia la luna,
y ella estará allí en una noche musical,
en una noche de risas encendidas
ardiendo como un camino de mi cerebro
mojando el brazo en el lago de la luna.



DESPUÉS DEL VIRUS


¿Estoy feliz? ¡Fui feliz!
Los zoológicos de la felicidad convergen
en horrores que son la zarpa extensa
de quien llama primero
del labio subrayado
La felicidad no es un estado constante
El campo cubierto de sangre humana
hace brillar los huesos más allá
de la máquina de suicidio
Abonamos el árbol de los sacrificios
por sus precisas levaduras
bruñidas con la estática sonrisa
del dolor –escalan las oscilaciones–
no un momento de felicidad
mas contradicho por la resaca negra
Entonces ¿qué vendrá
rapidísimo de los subterráneos
en plumaje brilloso azotando nuestras testas
con la cuchillada del nacer?
Algo almacenando isletas mercuriales
y hongos de ser...
¡y vendido por altares
lanzados a los astros!



He sido razonable


He sido razonable
Chicago New York Los Angeles se han derrumbado
He partido a Ciudad Swan donde vaga todavía el fantasma
de Maldoror
El sur es muy civilizado
He comido rabo de rinoceronte
Es la última noche entre caimanes
Albión abre su puño en la palma de un boscaje
Observaré crecer la alhaja moteada en los lomos de caballos
desbocados
La exultación cabalga
Un pedacito del sol sobre mi cráneo
He sido razonable
en tiempo de cadáveres y nubes puedo hacer el amor aquí y
en todas partes



TORRES DEL ALBA EMERGIDA

Habiendo vivido
durante mucho tiempo a ambos lados del
puente bajo el campo de visión de 3 torres
fue sólo cuando el puente hubo cedido
atronadoramente sobre el agua
que emergió una enorme ola

para llevar a salvo
ante las cuatro puertas del castillo
y escupió en mis manos una llave gigante
inscrita con la forma-pescado de la cabeza y los ojos
de una bestia hermosa y verde.


(Versiones de León Félix Batista, publicadas en "Los rombos de la red", libro de traducciones dentro del tomo "Se borra si es leído, poesía 1999-2009", Consejo Presidencial de Cultura, Santo Domingo, 2000.

miércoles, 27 de marzo de 2013

ENTREVISTA A DEREK WALCOTT AL RECIBIR EL NOBEL (1992)



PREGUNTA: La gente que está familiarizada con su trabajo no se sorprendió demasiado de que obtuviera el Premio Nobel este año [1992], pero usted si parece que lo está. ¿Por qué?

RESPUESTA: Bien. Había escuchado rumores durante años de que era el primero en la lista de candidatos. Y uno siempre siente que hay otros que lo merecen más. Pero tú continúas con tu vida y sacas eso de tu mente. Entonces, es siempre una sorpresa.

P: Como un poeta moderno que a veces habla con voz isabelina, ¿cuál es su relación con la tradición occidental, en esta época de multiculturalismo y afrocentrismo?

R: Yo no creo que esos términos necesariamente apliquen al Caribe, que es por naturaleza una multicultura. Usted sabe, la población del Caribe no es sólo africana sino también, en gran parte, india. De ahí que piense que el Afrocentrismo es una cosa un tanto peligrosa para el Caribe, especialmente para un lugar como Trinidad, que tiene que acomodar la variedad de su población. Esos son términos foráneos para mí. Para mi no son aplicables al Caribe.

P: ¿Hay una cultura caribeña distinta, incluso fuera del Caribe?

R: Hay una cierta nostalgia en tratar de hacer un gueto de ti mismo. Si vives en un lugar que es variado y que tiene su propia cultura, no hay peligro en ser absorbido o en entender los lugares en que estés. Si vives en New York o Londres, puedes preservar el lugar del que vienes. Pero creo que puede ser a veces peligroso, en cierta medida, reunirse en guetos llenos de nostalgia y de quejas. El asunto es salir y participar en la variedad de la cultura en la que estás envuelto.

P: En algunas de sus piezas usted se ve luchando con lealtades divididas, como negro caribeño y como intelectual educado en Londres. ¿Es esa lucha la esencia de lo que usted escribe? Y si esa lucha fuera resuelta, ¿Seria su poesía diferente?

R: La contienda siempre ha existido en el Caribe. Es una lucha entre dos mundos: los orígenes del Caribe y el Nuevo Mundo contemporáneo. Cada escritor caribeño encarna ese tipo de conflicto. Es resuelto, regularmente, con libros y obras de arte que salen del Caribe. Puede ser que ellos contengan el conflicto, pero la forma del eventual producto es, en la novela o la pintura o el poema, lo que describe la evolución de la identidad caribeña.

P: ¿Cuál es su opinión acerca de Poder Negro, el Panafricanismo y otros conceptos similares?

R: Depende del momento en que esté hablando. Poder Negro no existe ya más; no se describe a si mismo de ese modo ya más. Si usted se refiere a la condición del afro-americano en New York, todo el mundo puede ver el trato que recibe. Observe a Los Angeles y verá.

P:¿Existe una condición similar para el afro-caribeño aquí en Estados Unidos?

R: No me gusta todo este énfasis en lo afro-caribeño. Tenemos que reconocer la realidad de la presencia de lo indio en el Caribe. No pienso que este énfasis en África, que en el Caribe es en ocasiones demasiado beligerante, sea un énfasis feliz. Porque si los indios hablaran así, los africanos se molestarían. Si los africanos lo hacen, nadie está supuesto a enojarse. Yo no creo que esa sea la composición de la sociedad caribeña.

P: Quizás no lo sea en el Caribe, pero estamos hablando de la sociedad caribeña aquí [Estados Unidos]. ¿Cree usted que haya una condición diferente?

R: No creo que haya una condición diferente para el inmigrante indio en los Estados Unidos. Esta gente es vista como una minoría racial, y en la unión de la identidad de una minoría racial es que está su fuerza. Todos los que son considerados como minorías raciales -el puertorriqueño, el chicano, el indio, el africano- deben unirse y enfatizar el hecho de que están siendo tratados como ciudadanos de segunda. Pero dividirse entre ellos es hacer exactamente lo que otra gente quiere: mantenerlos riñendo y peleando.

P: ¿A quienes ve usted como su audiencia?

R: En el teatro, mi audiencia inmediata es la audiencia caribeña. Porque ellos reconocerán lo que yo estoy tratando de describir. En cuanto concierne a la poesía, tú escribes para un lector inmediato, y esperas que se entienda qué estás tratando de articular. No es para el gran público.

P: ¿Puede la poesia comprometer las masas?

R: Yo no pienso que la poesia crea en algo como las masas. La poesía es concebida en una imaginación inteligente, receptiva, de parte tanto del lector como del escritor. Es casi como algo de tú-a-tú.

P: ¿Apoyan los gobiernos y la gente caribeña su literatura?

R: La mayoría de los gobiernos caribeños que podrían hacerlo son muy negligentes en la manera en que pueden ellos directamente promover las artes. No crean presupuestos para la presencia de las artes en sus comunidades. No otorgan suficientes becas. No levantan suficientes edificios, museos, teatros, cosas así. Ellos dan por hecho que estas cosas seguirán por sí solas, mientras que es trabajo suyo el proveer esas instalaciones.

P: ¿Necesita la gente del Caribe esta clase de exposición?

R: Si. Cada generación arriesga su perdición si la negligencia continúa, especialmente la generación de actores.

P: ¿Por qué ha escogido usted a Trinidad como el lugar del Caribe en que pasa mucho de su tiempo? ¿Qué le da Trinidad a usted?

R: Ahora paso tanto tiempo en Santa Lucía como en Trinidad. Pero Trinidad encarna para mí exactamente lo que estoy describiendo: todas las razas del mundo contenidas en un espacio y viviendo juntas tan amistosamente como cualquiera puede esperar.

P: El reggae, el calipso y la soca son considerados la poesía callejera del Caribe como el rap, su contraparte americana. ¿Hay alguna relación entre su obra y estas formas musicales?

R: En el teatro, ciertamente. He escrito piezas sobre el reggae. He escrito musicales.

P: ¿Y en su poesia?

R: No. Hay una cosa llamada la representación de la poesia, mayormente en el teatro, el cual yo he escrito. Y también está la poesia en sí. Yo no creo que la poesía deba ser actuada.

P: En la primavera de 1991 el American Repertory Theatre in Massachusetts representó su pieza “Steel” [Acero], la primera vez en su historia que estrenaban una obra de un dramaturgo negro. Yo sé que usted prefiere ser calificado como un dramaturgo de la India Occidental en vez de dramaturgo negro. ¿Por qué esta preferencia?

R: Porque sería caer en la trampa que te tiende Norteamérica. No me interesa si es el primer drama de un dramaturgo negro. Lo que quiero saber es si es un buen drama o no. Y no lo fue. Eso es lo principal. Ahí tienes el primer gran fracaso de un dramaturgo negro. Estoy trabajando en la obra y la quiero convertir en lo que debería ser. Pero todas estas definiciones que se hacen en este país simplemente irritan a un indio-occidental. Es insultante. Si alguien piensa que es un logro el tener una pieza en el ART, entonces algo anda mal con esa persona o esa cultura que piensa que te va a congratular con algo que aparenta ser normal para un escritor blanco. Eso es ejercer de protector.

P: ¿Cuán importante es para usted que sus piezas se representen en Broadway, logrando igual reconocimiento que su poesía?

R: Nada. No estoy interesado en Broadway. No estoy interesado en la particularidad del teatro americano. Mi primera responsabilidad es si el drama resulta verdadero para la audiencia caribeña. Esa es mi única responsabilidad. Si sucede algo además de eso, es sólo una consecuencia del intento de hacerlo bien en primer lugar. “Steel” debe estar bien para Trinidad. Si es un mega-hit en Broadway y un fracaso en Trinidad, eso sí sería estúpido.

P: ¿A qué aspira ahora?

R: Tengo todavía mucho trabajo que hacer. El premio Nobel no te hace mejor y no detiene tu obra. Tengo un libro de ensayos y unos cuantos dramas en los que estoy trabajando.

(Traducción de León Félix Batista)
New York Newsday, Noviembre 18, 1992

domingo, 17 de marzo de 2013

¿QUÉ LEER? Caducidad (reseña)




Ibeth Guzmán
ibethguzman@gmail.com
http://www.listin.com.do/ventana/2013/3/15/269688/Caducidad

Hace poco tiempo que León Félix Batista dio a sus lectores la sorpresa de su nuevo libro, “Caducidad”. Este título permite un número ilimitado de inferencias, lo que obliga al lector a involucrarse de inmediato en una lectura intuitiva llena de curiosidad. Conforme esta búsqueda por el sentido avanza, se va tramando una suerte de trampa de la cual ya no se puede escapar. Pues los sentidos se van empapando de todo el espectro de situaciones confusas que van aconteciendo a un sujeto que no conocemos y al que solo atisbamos a adivinar en la significativa conjugación verbal de la primera persona. Esa inmersión lleva luego a diluir la frontera entre ese personaje y nosotros. Pues llega un momento en que la percepción se vuelve más nuestra que suya.

En cuanto a la forma, “Caducidad” es un libro que no se deslinda en los límites de la prosa poética ni en la lanza de un verso cortante. Es un constante caminar entre la catarsis de un yo tambaleante por la humareda de un lado de la modernidad que asquea y aturde. Una pestilencia que ata a los seres humanos hasta su inmundicia más elemental.

Ya en las postrimerías del libro se va orquestando una lección, una que se erige como una experiencia de vida en el personaje. Con este detalle la obra asume unos aromas que lo novelan, que lo colocan justo al borde de una narración. Pero no le suceden a este giro dos páginas para que el lector vuelva a navegar en los mares de un lirismo que lo absorbe y asimila.

Al oído, “Caducidad” resuena como río caudaloso empedrado con láminas de hierro. Una musicalidad estruendosa, que conduce el poema por los nichos de voces de antaño. Un recuento se sentidos que se unen y separan en las comparaciones más disímiles, en las metáforas más mórbidas.

El estilo de Félix Batista mantiene una doble coherencia. La histórica, que lo ha definido desde sus primeras producciones, y la teórica, perteneciente siempre a la corriente neobarroca hispanoamericana. Esta fidelidad conceptual hace que se pueda establecer una intertextualidad entre los propios textos del autor, hallando así una línea evolutiva en las producciones del autor.

Para comprender este libro es necesario ver la libertad como la plantea el poeta. Ser libre es expresar con todas las herramientas que posee el discurso aquello que atormenta una mente creativa. Aunque para ello es necesario camuflar el sentido con una dosis de humo que entretenga un poco para que la diana no estropee sus sentidos.

lunes, 11 de marzo de 2013

DOS POEMAS DE RICHARD KENNEY (New York, 1948)



Traducciones de León Félix Batista

HORAS (fragmento)


Comenzar esta historia una vez más, detrás del
mirador de cristal fino: otro niño nonato
y en crecimiento, manzanas rebosando arcones
detrás de la fábrica de sidra de Augusto, todas regadas
y oprimidas hasta pulpa, pronto, bajo el inmenso
roble viga derribada, como noche en día –en luna,
en sol... y así las estaciones en su reja
parecen ataviadas para esto. La presión ha vuelto un siglo,
o casi, aquí. Y casi al alba: el cinturón
de la eclíptica solar apretándose en el mediodía,
y anocheciendo al alba; en tanto aquí, adentro, la misma
suave luz estirará el cristal, comprimido en el calado
del marco, donde la vida empieza, de nuevo,
seminal: el punto de sangre en su infrarrojo–

La brasa brilla
finalmente roja
es epicentro
de la rosa

Génesis, entonces: una yema diminuta de flama
colorada, girando lisa, y quieta, cortada en claro, recompuesta
para formar la estancia –para formar el mundo– en que toda
luz se expande en el alba de este modo: punto rojo en remolino
alrededor del alto humero de piedra, para llenar
el ojo y llenar la mente y el montón de guijas del pozo
de los cielos con luz roja congelándose en azul... de nuevo
el tropo. Y he aquí la mancha de cristal, un filtro
del mundo del afuera (del que cada campo es un campo
de visión), donde los pájaros se elevan por un cielo
de cobalto, y las flores perforan la nieve, y tierra
franca en su pantalla en blanco –una chispa que es sentir
un aliento de aire en la agitación de fuelles negros expandiéndose–
empieza a fluctuar, parpadean luces verdes como de estroboscopio–

Recomenzar, mudado de la Naturaleza aún más lejos.
Digamos que este campo transmutante salpicado de rojo es la misma
descarga retinal, las varillas y los conos se reajustan cada día,
como arena que retorna a su cristal volcado, y noche, tinta
negra, que regresa a su pluma. Navegamos las estrellas distantes
de este modo, a través de telescopios, que vuelven el túnel
de visión así, de este a oeste, encienden
cada aurora, y vuelven la luz diurna hacia el descanso.
Tratamos de tomar nuestras medidas, con cuadrados tragaluces
contra su alféizar, metálicos rasguños en la muñeca...
el tiempo fluye en un sentido, se dice, y aún así los extraños
mecanismos de la mente detienen de algún modo
su línea indesmayable –así se apagan las estrellas, y vuelve
la luz de relicario, para adornar su almagesto laqueado–

El polen cierne
piedra arenisca
es el palíndromo
del brandy snifter

El tiempo fluye en un sentido, se dice, así un anochecer
de invierno inerte como el cuarzo devendrá en un cuarto rosa
pronto. ¿Quién sabe cómo los campos transmutantes
cambiarán tras las hileras de pupilas
o regresarán al verde? Yo no. Inerte y oportuno
he observado la pantalla, tomado vistas. He enumerado
en línea astros a distancia, he flojado heridas leves hacia atrás
en la memoria y en la noche –una narración
de especie. Si algunos de estos astros caen muertos
a lo largo de las curvaturas perforadas del espacio interno
o tiempo ahora –la cenicienta red de la cabeza–
dentro de esta bahía, vivaces permanecen. Innatos
o no, principios en un hilo trenzado están
en todas partes, y anticipan todas partes–

INERCIA

Equinoccio otra vez. Me siento
en paz, con whiskey, en el portal–
y anochecer, igual, opuesto–
y pondero avestruces que, extendidas
por la tierra, emplumadas como este huerto
es, han vestido el casco
planetario, como un tazón, al
revés. Así mareando. Yo querría
entender el calendario
que me vuelve también, como ciego, como ciego–
¡A qué reposo seguimos renunciando!
Ahora los manzanos son linternas de papel
iluminadas por el sol detrás
suyo. Pronto, invierno. Se laceran. Algunos
de ellos, desgarrados, revelan la misma
mecha, antes que muera. Unos pocos agotaron
abejas levantadas de las luces del portal, doblaron
una eclíptica aturdida. Ellos andan
un poco sobre el cemento frío;
sin duda morirán por la mañana.
Para la primavera la luz quemada del fanal
aluzará de nuevo, y los árboles mejorarán,
como retoñan los huertos otra vez–
Orillé las abejas cuando entraba.
Yo circulo también, ves; cabalgaré
la curva tenue generada aquí
hasta el mismo fin –hasta la cama,
donde el aliento faltará para cerrar la esfera
de lo oscuro-a-claro alrededor de mi cabeza–
Quietud, quietud, dirás, las más ásperas leyes
de la marcha, del amor, nunca pueden gobernar
nuestra emoción. Pérdida a pérdida
el amor se conserva –su bello nonio
está a tu alcance. Siento que se fija
su consuelo aquí; tus brazos, por turno,
me rodean, para inmovilidad, casi,
por un rato, el anochecer aturbantó
con vuelta y vuelta...un solsticio vernal
en el alma. Y entonces otra vez el virar–



Richard Kenney ha publicado tres libros de poesía: La evolución del pájaro sin vuelo (Yale University Press, 1984), Orrery (Atheneum, 1985) y La invención del cero (Knopf, 1993), ninguno traducido al español. Ha recibido becas de la fundaciones Guggenheim y MacArthur. Ganó los premios Rome en Literatura y el Lannan Literary Award. Enseña en la Universidad de Washington en Seattle.