domingo, 24 de octubre de 2010

Delirium semen, por Andreu Navarra


El lector abre este volumen lujosamente editado por la editorial mejicana Aldus y se da cuenta de que transita por un poemario relevante, uno de aquellos libros que, en lugar de arrojar un desdichado conjunto de composiciones más sobre el orbe, consolidan la carrera de un escritor gracias al concepto general o diseño que vertebran la obra, la escultura y la arquitectura que subyacen bajo el discurso. En este caso, el hallazgo de haber construido un diccionario sexual radicalmente subjetivo es evidente.

Ya se ha escrito sobre Delirium Semen. El original prólogo de Hernán Bravo Varela y, sobre todo, la reseña de Adolfo Castañón publicada en el periódico mexicano Milenio, nos permiten colocar la poesía de León Félix Batista bajo la égida de dos conceptos clave: Vanguardia y Lezama Lima. La apreciación es correcta. Abundan en la poesía de Batista los símbolos que son personajes habituales en la imaginería de Lezama: el caracol y su hermano el molusco, la sedimentación, el cosmos humidificado, las materias licuantes… Esa tremenda dificultad a la hora de orientarse según los esquemas cognitivos convencionales. Y es verdad que únicamente un espíritu típicamente vanguardista podría trazar la siguiente construcción: “Tenebrosidad en llamas subyugándome ambas sienes: los tubérculos dan pubis por una curva eléctrica”.

Ahora bien, no creo que deba exagerarse la deuda del autor respecto a las formas poéticas de los años veinte y treinta del siglo pasado. Para Batista resulta evidente que los lenguajes tradicionales deben quedar fuera de un texto literario. Sin embargo, ¿hasta qué punto no son ya los ismos ejemplos de lenguaje solidificado y fatalmente tradicional? Según sus comentaristas, Delirium Semen es una feliz restauración del modo creativo de vanguardia. Yo no creo que al autor le haya interesado más reivindicar una estética que, más bien, adaptarla como herramienta adscrita al ADN del escritor actual a un idiolecto personal que es lo que más destacaría de Delirium Semen.

¿Cómo resuelven el dilema de la Vanguardia imposible los poetas caribeños?

Leyendo a Batista han acudido a mi mente las obras de dos poetas jóvenes de la isla de al lado, Puerto Rico, ambos pertenecientes al grupo de El Sótano. Se trata de Federico Irizarry Natal y Juanmanuel González Ríos. El primero publicó en el año 2006un poemario titulado Kitsch donde las composiciones habían sido dispuestas en orden alfabético, confeccionando una especie de manual postmoderno. En la J, por ejemplo, encontramos el poema Jeans: “Juventud divino trasero”, leemos allí. En la T de Batista también encontramos un canto a los pantalones tejanos, verdaderos ocultadores/reveladores de las nalgas que son un fin en sí mismo. El trasero como ser de Heidegger en que converge, debe subsistir toda la atención del filósofo o pensante.

Por lo tanto, alguien ya se había dado cuenta de que sometiendo a una disciplina (el formato de una entrada) el lenguaje desbocado, se inauguraban ámbitos nuevos y necesarios. Los hallazgos del libro de Batista provienen precisamente de estrechar y no de ampliar el campo de recepción del objetivo de la cámara. El resultado no debe entenderse como una descripción fascinada y extensiva del mundo, a modo de redescubrimiento, como es cada texto de Lezama, sino ese mismo procedimiento derramado únicamente sobre las realidades que excitan el deseo del autor implícito. Hablar sólo del sexo y no del universo. Otras obras del autor se han preguntado por la morfología de un cosmos gelatinoso. En este sentido, la obra de Batista revisita a Lezama pero se lanza por caminos menos extensivos. Su agricultura busca aquí manejar arados menos profundos. Se trata de un adelgazamiento o disección conceptual que nos traslada a una poesía de elementos más sencillos, descompuestos y clasificados. Unir la exactitud con el delirio parece haber sido el feliz camino escogido por el poeta.

En el caso de Juanmanuel González, a quien pertenecen estos versos: “ella se recoge el pelo / mientras el arroz se cuece / sobre la estufa playskool” (XX poemas para ser leídos en el tren urbano, Sótano Editores, 2009) encontramos una reivindicación de la sexualidad normal o perversa, según miremos, sin ningún tipo de tapujo. He aquí otra de las características más definidoras de la poesía de Batista: la ausencia total y programática de interferencias éticas o moralistas al uso, unida a la defensa de un cultivo instintivo e infantil de la pulsión sexual. Nadie tiene derecho a coartar la fantasía erótica que electriza la vida y el texto, saltando por encima de limitaciones y autocensuras, tabúes y fronteras, sin que importe el presunto buen gusto director de las obras literarias. Unas braguitas, unos sostenes, una zurra, son realidades cotidianas dignificadas por el canto, no por humildes menos justificables, por el hecho de haber sido capaces de generar deseo, sin pararnos a determinar la naturaleza o la trascendencia de éste.

Nuestra siguiente pregunta puerto debería ser, pues, la siguiente: ¿Es Batista un poeta esencialmente sexual? Si uno transita por sus libros anteriores, uno pronto se da cuenta de que el sexo es un hecho esencial y habitual en la poesía del autor. En el libro Mosaico fluido (2005) nos topamos con excelentes poemitas como el que empieza “deseos densos / primarios / del enigma” o “vocábulo venéreo /contra el acantilado”. En Pseudolibro (2006), especie de canto teogónico invertido o blasfemo, el sexo aparece como un elemento imprescindible en las licuaciones que otorgan origen y destrucción al universo circundante.

Pero es en Delirium Semen donde el sexo aparece ya como un tema total único, lleno de tótemes vivificadores, a través de los cuales puede y debe exhibirse libremente el espectador que escribe poesía.

Periódico de Poesía, UNAM, México

http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1514&Itemid=1

viernes, 13 de agosto de 2010

DELIRIUM SEMENTAL


Por Carlos Reyes

En República Dominicana, León Félix Batista (Santo Domingo, 1964) representa la aristocracia ultravanguardista del verso. Su poesía lleva la tensión de la imagen al límite de lo definitivo. Delirium Semen es su más reciente obra poética, un corpus en el que la palabra, de resonancias eróticas, es motivo de "definición"-creación.

Es un libro que conecta, genéticamente, con gran parte de su producción anterior como Prosa del que está en la esfera o Pseudolibro, pero diferenciándose en lo formal. Aquí cada palabra convoca el sentido mayor de su negación en una afirmación de rebeldía ante la estrechez de la monosemia. La palabra expande su savia y la convierte en poesía.

Aunque el texto tiene una base erotómana no es difícil encontrar en él reflexiones del autor que se filtran por los intersticios de esa selva espesa que es Delirium Semen. Reflexiones de distinto jaez que no comparten específicamente los requerimientos de la carne. Se puede extraer así la advertencia mística: "Descartarás el barro, porque se precipita buscando inconsistencia, por ser principio activo, materia del demiurgo. Apuesta, pues, a piedra: primigenia en su estructura, sin fase divisible, para exponerla a arena." (Doloroso, pág. 41); o la sabiduría milenaria de base filosofante: "Mi anhelo es propiciar un zumbido y tolerarlo, una historia y escribir, la sustancia y ser vacío." (Dormida, pág. 44). Junto a estas ideas León Félix nos hace partícipe de otras propias de su labor, y por eso entiende que "armar la impermanencia no es doctrina" (Grupo, pág. 62), con versos que "aquí son consignados para inmortalidad" (Húmedo, pág. 65), creando indefectiblemente el emblema de un arte poética. Significado y significante tienen en este territorio una esencia antitética: el término conocido, la "definición" inaudita; y la connotación del verso que engloba en su naturaleza plurívoca la constancia paradojal: "Episodios del ayer, pero que insisten, porque su sino es eso: impermanencia" (Retro, pág. 111).

León Félix Batista conquista con Delirium Semen un nuevo ámbito del neobarroquismo, con una otredad no travestida aunque sí desvestida, un espacio para la palabra tensa en el arco presta a dar en el negro de la memoria y el asombro. El placer de su prosa poética se congestiona en la vista perdida de un mar de sombras: y así llegamos a la luz: por la senda de la oscuridad.

No busquéis en su poesía la ruta del lirismo o la rugosa agonía del estertor de una guerra, allí solo es posible el aliento infinitesimal de la imaginación expansiva, el reflejo de un espejo bicóncavo o la fuerza misma de una emoción automática. Es la acrobacia de un espíritu delirante que a través de su semilla prorroga la impermanencia de lo eterno.

Delirium Semen, una obra que revela la buena salud de la nueva poesía dominicana.

Delirium Semen (Vocabulario erótico). León Félix Batista. Editorial Aldus, México, 2010. Portada: Acorporal meditando todo al mismo tiempo, de Erich Lassmann Klee. Prólogo de Hernán Bravo Varela, 141 páginas.

martes, 15 de junio de 2010

Adolfo Castañón sobre Delirium Semen


Delirium semen, vocabulario erótico,
Aldus, México, 2010, 141 pp.

Conocí a León Félix Batista en la Noviyork o Nueva York a principios de los años 90, metrópoli donde él ha vivido al menos tantos años como una mayoría de edad —18. Fue gracias al poeta, maestro del monacato lírico José Kozer, quien no sé si fue su preceptor en Queens College pero sí en todo caso en el espacio de las imantaciones leídas y escritas. Por aquella época que ahora evoco como a una estación a la que llegan los trenes de esa época, las pasadas y las porvenir, José Kozer Katz, el jardinero de aquellas terrazas del verso y la prosa, preparaba en conjura con Jacobo Sefamí, hebreo-mexicano y de Roberto Echavarren, insomne juglar rioplatense, una lección antológica, una analecta decisiva firmada, fraguada y cocinada por aquel tricéfalo de una sola sombra. La criatura o esperpento palabral sería una antología de la poesía neo-barroca o neo barrosa de la letra hispanoamericana, no exenta desde luego de intenciones exclusivas y excluyentes que instauraban por sí mismas un radio o constelación de genealogías presentes, pretéritas y porvenir. En aquellas páginas del Medusario se iba trazando uno como árbol genealógico o si se quiere un rizoma multipolar que abría con el mascarón de proa llamado José Lezama Lima y continuaba con las figuras de otras cariátides verbales como las de Severo Sarduy hasta alcanzar a los poetas rioplatenses Héctor Viel Temperley, Néstor Perlongher, a los mexicanos Coral Bracho y David Huerta e incluyendo desde luego a los mencionados Echavarren y Kozer.
Era aquel Medusario un conjunto abiertamente cortante y se presentaba como una suerte de antología-manifiesto inclinada a acentuar ciertas posiciones, a recalcar líneas de fuga lírica y formas de poetizar cuyo común denominador era un horizonte de ruptura y erosión de engarces consabidos, sobados vínculos y ataduras naturalizadas por la familiaridad que asocian en el idioma común y corriente, en la lengua servil y ancilar de todos los días sonido y sentido, forma y significado, asunto y técnica. Dicho con otra llaneza: aquel avatar de las Flores de varia poesía del siglo XVII actualizado a fines del siglo XX postulaba la idea de una poesía neo-barroca o neo-barrosa y con él una forma de enunciación y versificación, de prosodia y sintaxis como emancipada de anécdotas y tramas fáciles, ávida de desprenderse del realismo bobo y de la comodina convivencia de lo que podría llamarse naturalismo literario o realismo poético.
Ese libro-muestrario —como un catálogo de nuevos colores posibles— me parece ser un síntoma que aparece en el mundo de la poesía hispanoamericana en un horizonte paralelo, si no es que en el mismo, que el audaz pero bien peinado proyecto literario de este León Félix Batista que ya cuenta numerosos libros, ediciones, inclusiones en antologías, amén y a más de traducciones y versiones a los idiomas de Wallace Stevens, Eugenio Montale, Gunnar Ekeloff y Paul Celan, lenguas a las que su obra ha sido parcialmente traducida.
El libro que hoy nos saluda trae en su singular armadura o arquitectura un conjunto de alrededor de 125 textos —de una extensión estándar medio a un folio, que están repartidos alfabéticamente de la letra A a la Z— incluida la Ñ pero excluidas la CH —de chingar— y la doble LL de lluvia —como la lluvia de oro— en voces que se presentan como parodias o simulaciones de un diccionario de la lengua en que están imantadas estas viñetas o estampas, regidas o imantadas por la obsesión del erotismo en la lengua, del sexo en el verbo, de la carne en la palabra, variaciones o irradiaciones del logos espartilos que los Padres de la Iglesia o del Desierto identificaban con el VIENTO PARACLETO o PARACLITO y el Espíritu Santo.
Vienen estas 141 páginas bellamente impresas en tipos perpetua de 12 en 15. El lector, sin embargo, ha de ser cauteloso, pues si el libro tiene forma de diccionario no es obra de referencia en el sentido técnico y ancilar ni se presenta como un léxico o una enciclopedia de técnicas tántricas, lúbricas o programadas lujurias. Delirium semen es ante todo una construcción etérea y lúdica, transparente y juguetona o si se quiere, un juguete verbal o hasta una caja de golosinas mentales, como parece apuntar Hernán Bravo Varela en su saludo liminar. También se puede visitar como un parque temático o prácticamente como un parque de diversiones neuronales cuya materia y sustancia es el lenguaje y, atrás, o en su entrelínea —o en su entrepierna— o nada más en su entre, está el recorrido sensitivo y sensual de la conciencia, la baraja asociativa del delirio que se da cuenta a sí mismo de sus ataduras, de sus ligas y lealtades.
En él, entre seminal y juiciosamente delirante, aflora como reflejo y salpicadura la comedia de la conciencia que se auto fecunda en el momento —y entiéndase momento en el sentido científico y físico— en que la lengua consciente e inconsciente se va midiendo y restando, equiparando y contrastando con los oficios jaspeados y ejercicios tornasolados del cuerpo como arcadia y utopía inalcanzable, del cuerpo deseado y proyectado en la superficie deseante de la prosa —estrofa.
Visto con una mirada hemeralope en el libro no hay en apariencia fábula, sino una suerte de cartografía sensual y sensitiva, mapas de la experiencia íntima y del experimento secreto; se reúnen una serie de apuntes escritos al borde de la experiencia o del experimento en la inteligencia de que el investigador y lo investigado, el pescador y la pesca, la presa y el cazador oculto son uno y el mismo. De ahí que haya una cierta pendiente, un plano oblicuo que auspicia la aparición de la primera persona, de la materia autobiográfica y de la sustancia confesional y aun confidencial. —No tengo otro designio que este dogma irracional, devenir de mi memoria—. Metamorfosis de la memoria, podría funcionar como un sinónimo para titular este compendio del desarreglo metódico —delirio juicioso— de los espejismos de un cuerpo que aspira a estar presente en el momento mismo en que es muerto y despojado por su implícita y portátil otredad. Choque o fricción de constelaciones conocidas y de ignorados firmamentos, el libro de este León que podría llamarse Fénix para evocar las cenizas resurrectas por el delirio espiritual de este cuerpo ignorante de sus órganos. Los poemas son aquí como semillas fecundantes que estallan en el espacio del lenguaje.
Y pasan abrazándose bajo los arcos del entre-nos, es decir, entre el poeta y su poema, el leyente y lo leído, las sombras sorpresivamente enamoradas de Venus y de Cadmo —santo fundador del alfabeto—, de Onán y de Anubis. Es ciertamente un libro que recuerda ciertas tradiciones de la alquimia medieval, y podría también denominarse “Breve Tratado de las Moradas Filologales” pero curiosa o sintomáticamente las voces sol y luna no encabezan ningún apartado, aunque los sagaces editores de Aldus al imponerle una elegante portada negra supieron ser obedientes al influjo opaco de Astarté: Delirium semen: opus nigrum.
Así, la red tendida por esta serie de jardines bonsai verbales, —cuya lectura, cuya contemplación, allana una suerte de serenidad que sólo puede llamarse estética— remite también en la periferia asociativa a algunas obras que ayudan —me ayudan a mí, lector— a apresar mejor estos estuches o cajas negras como dice en su prólogo Bravo Varela, o cajuelas de sastre —como yo prefiero decir— el diccionario de lo obsceno de Camilo José Cela, el diccionario de lo que en francés se llama lengua verde que cifran el idioma de la germanía medieval practicada por François Villon y estudiada por Marcel Schwob, el libro erudito y caótico de Alfonso Sastre Lumpen Marginación (1980) jerga y jerigonza y este estallido poético y volcánico que es el gran poema vanguardista en prosa surrealista y dadaísta La pequeña sinfonía del Nuevo Mundo del guatemalteco-mexicano Luis Cardoza y Aragón que abre, como recordará el lector, su envolvente poema con una declinación exhaustiva y una conjugación en cascada de las voces delirio y delirar.
Delirium es un yacimiento enunciado la mayoría de las veces en presente de indicativo y en primera y en tercera persona del singular. Su forma de enunciación oscila entre la bitácora personalísima y la ficha experimental del científico que va apuntando en su paleta la evolución o el movimiento de las especies observadas. Esta forma de enunciación expresa la unidad de estilo y aliento del poemario y es ciertamente reveladora de la intención unánime que templa y tensa esta suma de poemas que se presenta y es un todo indisoluble, es decir como obra: opus nigrum.
Algo hay de adánico en este impulso y voluntad de nombrar, de nombre Félix o Fénix que lleva al autor a ser digno de una de las posibles etimologías de su apellido Batista —Bautista— y, en la pendiente hermenéutica, a descifrar el significado del poema por el nombre del hombre-autor, o sea del animal llamado León, que es una fiera elegante y fecunda, un jefe de manada carnicera y depredadora que simboliza en la iconografía cristiana el poder terrenal y en la emblemática medieval el poder de transformación y movimiento del Amor-León-Sol que en apariencia inmóvil, para citar a Dante, mueve, como el amor, “el sol y otras estrellas”. Sol y amor son los dioses escondidos y ausentes, tácitos, que gobiernan este poemario indomable y admirable escrito como para saludar la noche nueva que se levanta luego del largo ocaso de las vanguardias.

(en la foto León Félix Batista, Fernanda Sordo y Adolfo Castañón, Santo Domingo, 2 de mayo de 2010)

martes, 20 de abril de 2010

Un nuevo libro


Nació la nueva criatura, Delirium semen (Aldus, México, 2010). Portada: Acorporal meditando todo al mismo tiempo, de Erich Lassmann Klee. Prólogo de Hernán Bravo Varela. Lo pondremos a circular el 2 de mayo a las 4PM en el pabellón de México de la XIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2010, con presentación de Adolfo Castañón.

lunes, 22 de febrero de 2010

Cuerpo plural: Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea


Cuerpo plural
Antología de la poesía
hispanoamericana contemporánea
Pretextos, Valencia, España
Edición a cargo de: GUSTAVO GUERRERO
640 páginas y un dvd con lecturas poéticas.
PVP: 24,04 EUROS

AUTORES INCLUIDOS:
TEDI LÓPEZ MILLS
(México, 1959)
JOAQUÍN MORALES
(Paraguay, 1959)
ROLANDO SÁNCHEZ MEJÍAS
(Cuba, 1959)
EDUARDO CHIRINOS
(Perú, 1960)
ROSSELLA DI PAOLO
(Perú, 1960)
PATRICIA GUZMÁN
(Venezuela, 1960)
DANIEL GARCÍA HELDER
(Argentina, 1961)
EDWIN MADRID
(Ecuador, 1961)
JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI
(Perú, 1961)
LEVI ROMERO
(Nuevo México, 1961)
JORGE CADAVID
(Colombia, 1962)
EDGARDO DOBRY
(Argentina, 1962)
ALFREDO HERRERA
(Venezuela, 1962)
JUAN CARLOS RAMIRO QUIROGA
(Bolivia, 1962)
RAMÓN COTE BARAIBAR
(Colombia, 1963)
SERGIO PARRA
(Chile, 1963)
ROCÍO SILVA SANTISTEBAN
(Perú, 1963)
LEÓN FELIX BATISTA
(República Dominicana, 1964)
ANTONIO JOSÉ PONTE
(Cuba, 1964)
FABIÁN CASAS
(Argentina, 1965)
JOSÉ EUGENIO SÁNCHEZ
(México, 1965)
JACQUELINE GOLDBERG
(Venezuela, 1966)
LUIS MORENO VILLAMEDIANA
(Venezuela, 1966)
NADIA PRADO
(Chile, 1966)
MAYRA SANTOS-FEBRES
(Puerto Rico, 1966)
DAMARIS CALDERÓN
(Cuba, 1967)
OTONIEL GUEVARA
(El Salvador, 1967)
JAIME LUIS HUENÚN
(Chile, 1967)
MALÚ URRIOLA
(Chile, 1967)
LAURA WITTNER
(Argentina, 1967)
MONTSERRAT ÁLVAREZ
(Perú, 1968)
FERNANDO DENIS
(Colombia, 1968)
MARTÍN GAMBAROTTA
(Argentina, 1968)
ALESSANDRA MOLINA
(Cuba, 1968)
SERGIO RAIMONDI
(Argentina, 1968)
PEDRO ARAYA
(Chile, 1969)
LUIS CHAVES
(Costa Rica, 1969)
KATIA CHIARI
(Panamá, 1969)
LORENZO HELGUERO
(Perú, 1969)
TANIA MONTENEGRO
(Nicaragua, 1969)
JULIO TRUJILLO
(México, 1969)
JOHN GALÁN CASANOVA
(Colombia, 1970)
LUIS ENRIQUE BELMONTE
(Venezuela, 1971)
GERMÁN CARRASCO
(Chile, 1971)
YANKO GONZÁLEZ
(Chile, 1971)
JULIÁN HERBERT
(México, 1971)
NOEL LUNA
(Puerto Rico, 1971)
MÓNICA VELÁSQUEZ GUZMÁN
(Bolivia, 1972)
WASHINGTON CUCURTO
(Argentina, 1973)
FABRICIO ESTRADA
(Honduras, 1974)
LUIS FELIPE FABRE
(México, 1974)
JAVIER PAYERAS
(Guatemala, 1974)
JOSÉ CARLOS YRIGOYEN
(Perú, 1976)
FRANK BÁEZ
(República Dominicana, 1978)
MARTÍN BAREA MATTOS
(Uruguay, 1978)
HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS
(Chile, 1979)
ALAN MILLS
(Guatemala, 1979)
JORGE VESSEL
(Venezuela, 1979)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Reseña de Inflamable (Montevideo, 2009)


La pequeña casa incendiada del autor
Inflamable de León Félix Batista. La propia cartonera, Montevideo, 2009. 42 páginas


Latin [América]

La obra de León Félix Batista (Santo Domingo, 1964) constituye una reunión de horror y evidencia. Sus textos arengan la discusión y dan sentido a ciertos debates actuales de la literatura latinoamericana. Quizá, uno de los más interesantes sea aquel que se da sobre la escisión poesía/poema y las múltiples ramificaciones que este engendra.

Tomemos como ejemplo el término casa. En el plano de expresión nominativa, el término casa debió renovar sus galpones semánticos mediante una violación. Para el neobarroco (poética cuyo auge se dio en los años ochenta y su éxtasis en la publicación de Medusario, libro compilado por Echavarren y Kozer ), la palabra casa no importaba tanto como el homicidio impune que sucedía en su interior. La observación permanecía maravillada en el flujo de posibilidades entre un acto y otro. Se excluyó a los nombres del relato a partir de la verbalización de los objetos. Un chico era la acción hipotética de su boca; un farol, la posibilidad de que su luz fuera iridiscente. El relato se descompuso en partículas discursivas, el yo se camuflaba de las temperaturas del entorno y era tan inubicable como omnipresente. El poeta era un cuerpo por el cual la avalancha encontraba su cauce, un sentido no destinado a la claridad sino al afán de aceleración.

Sin embargo la palabra casa volvió a los grandes relatos a partir de la obra de dos poetas contemporáneos: Ernesto Carrión (Guayaquil, 1977) y Héctor Hernández Montecinos (Santiago de Chile, 1979). En ambos, la palabra casa fue el nombre de una región del ser, la expresión de un territorio mucho mas allá de las paredes y las ventanas. En Montecinos podemos encontrar una “pequeña casa que se llamaba noche”, donde los ojos se escinden del sujeto y observan la ternura y el desastre de una lluvia de meteoros en las manos de un muchacho. En Carrión la casa es el espacio donde funciona una fábrica de demonios, una preparación de máquina-dios para que su hijos cumplan con la desobediencia: “ahora mi casa es solamente un pardo sol cercenando las playas donde el tiempo se desploma Todos los sitios que recorrí se pudren tras las pestañas a flor de agua”.

La casa constituye un relato por el hecho de que vuelve a ser un lugar de escritura, el sujeto escribe desde un territorio que lo contiene y lo vuelve suyo. Es libre entonces de salir y observar los más crudos paisajes para los cuales su casa lo preparó. Vuelve a ver demonios, niñas poseídas, ángeles, entidades que habitan su propia habitación.

Contemporáneo a ellos también, León Félix Batista interviene esta escena utilizando el neobarroco como técnica de asociación que relata las propiedades de un objeto y su enigma. En su libro Prosa del que está en la esfera (Tse-Tse, 2006) la casa es “esa cosa que se llama casa” y también es “la casona del antiguo quebrantado fuera intacta, de barniz y con peñolerías, si no hubiera hundido ante el claror de un candelabro.”

León Inflamable

La poesía que se edita en Montevideo rara vez mira para afuera, y si lo hace, su ojo no apunta a las nuevas poéticas actuales. Inflamable, reciente edición de La propia cartonera (Montevideo), es para los lectores de poesía, una buena oportunidad de consumo. Inflamable es un bestiario alfabético. Los poemas parecen definiciones de un diccionario, están agrupados según su primer letra y persiguen, de la A a la Z, un orden léxico.

Los poemas no intentan aproximarse al concepto que les da cabida, sino que, el concepto es una inyección de significado para la posterior elaboración: “silla. (f., del lat . sella) Son técnicas inútiles: la mente es el enigma que va mezclando escenas. La silla giratoria vistiendo su vestido; a mano (y en vislumbre, preliminar un óleo) el tumulto de un delta, siguiendo un plano armónico, exudando. (…) El vuelvo de los polos, tan insignificantes cuando se fortalece con dobles nudos dobles. De nuevo habrá el emblema sucediéndolo desnudos, retrospectiva-mente y a partir de otros compuestos.”

El neobarroco es una herramienta utilizada para el agenciamiento de imágenes pero interrumpida antes que su marea espiral haga naufragar el texto. Es necesario entonces negar el conjunto texto como un nudo prosódico cerrado, aceptarlo como zona de transgénesis, de simbiosis. Escribir es, en palabras de L.F.B.: “un ánimo mestizo desarrollado como el asalto de la sinuosidad a la corrección (escudo del Poder), como agresividad de forma frente a los edificios del Control.”


Excritura


Reescribir un poema es un acto de interpretación y creación a partir de un material textual predado. Ya que, por medio de la literatura, el autor inexorablemente fagocita al escritor, el escritor, por medio de la reescritura, puede fagocitar y desfigurar al autor que el mismo creó. Esta técnica es utilizada en la poesía contemporánea como actividad simbiótica frente al pasado: reescribir un poema es digerirlo dos veces, es aprender su carne y devolver un nuevo enigma.
Frente al concepto de reescritura L.F.B. contrapone el de excritura. “Aun y publicado el texto puede sufrir metamorfosis, a través de un proceso que denomino de excritura. (…) Se trata de que el yo omnisciente permanezca solapado tras las letras y el caos, y su expresión extraiga su equilibro de entre la fealdad y la fórmula retórica. (… )”

Inflamable, es por tanto, una expresión de excritura, donde el yo de otros libros de León como “Oscuro Semejante” (1989), “Crónico” (2000) y “Mosaico Fluido” (Premio Nacional de Poesía Emilio Proud` Homme, 2006), aparecen hibridados a través de un yo con memoria que cambia de escenario pero recuerda su habitación natal.

La escritura es un agregado que desmantela la institución literaria. Podemos ver esto en los meta-diálogos que el yo sostiene con el sujeto que padece y goza: “Mudar de identidad: apremio de mis fuentes, que hincan un pasado perimido. Y el contacto es el enigma, pues consagra con borrascas el vacío a que es proclive para ser.”
La excritura y la reescritura establecen una relación directa entre escritores. Esta relación no es literaria sino pulsional. El excribiente coloca su cuerpo en el instante previo a la escritura del poema que reescribirá. Es por tanto una relación entre escritores donde el autor cultiva su perversión de voyeur. Se intuye una pulsión primaria y se juzga al texto como una de las expresiones de éste. El intertexto (que es la perversión del sistema para sí) está mucho después y es dominio de la literatura.

NOTA: Medusario propiamente fue publicado a finales de los noventa pero el auge de esta poética se dio en los ochenta. La relación estética es observable sobre todo en la obra de Néstor Perlongher, desde Austria-Hungría hasta Hule. El neobarroco entendió que toda poética debe tener su correlato filosófico, la relación es la poética misma. El postestructuralismo deleuziano y el neobarroco compartieron una misma renuncia. En ambos, el eterno retorno es la seguridad de una diferencia inmanente a cualquier identidad. La redefinición deleuziana apoyada en la escritura tuvo su correlato en el abandono estructural del neobarroso poético. El término “neobarroso” expresa la tensión donde el poema puede ser la joya que brilla en el barro, y la poesía el lenguaje y el barro adonde el habla regresa. El poema pierde la limitación jerárquica, su preciosismo barroco, métrica y rima se elevan del suelo y el habla pone énfasis en su condición heteróclita y multiforme. Hacer un poema es un ensayo de poesía, una posibilidad no definitiva al igual que la máquina-lengua deleuziana.

Manuel Barrios

Publicado originalmente en La Diaria, página 6, lunes 2 de nov. de 2009
(Montevideo, Uruguay)

viernes, 13 de noviembre de 2009

conversando



Esta entrevista me fue hecha a raíz de la publicación de Prosa do que está na Esfera en Sao Paulo (Editora Olavobrás, edición bilingue, traducciones de Claudio Daniel y Fabiano Calixto, noviembre 2003). Fue publicada en portugués (o brasileño, según se vea) en el segundo número de la revista literaria Gazua, editada por un grupo de jóvenes poetas de Fortaleza, Brasil: Eduardo Jorge, Diego Vinhas, Henrique Dídimo y Júlio Lira. Según reseña el poeta y traductor Claudio Daniel “A publicação apresenta bons resultados, pelo rigor e critério na escolha de autores e textos, privilegiando as linhas experimentais e dialogando com a literatura da América Latina. A entrevista com o poeta León Félix Batista, da República Dominicana, ficou excelente. Outros destaques deste número são os poemas de Victor Sosa, Fabiano Calixto, Glauco Mattoso, Lígia Dabul e Virna Teixeira.”
Quien desee adquirir la publicación puede escribir a r_gazua@yahoo.com.br.



ENTREVISTA GAZUA- PUBLICAÇÃO DE POESIA
(FORTALEZA/ BRASIL): LEÓN FELIX BATISTA


Prosa do Está na Esfera é seu primeiro livro lançado no Brasil. Não é difícil constatar logo na primeira leitura uma certa queda por um tom de estranheza, alcançada com a peculiar construção de imagens. Qual o seu comentário sobre o conjunto de escritos que fazem esse livro? O que ele desempenha em sua obra?


Los textos incluidos en Prosa do Está na Esfera son un extracto de Vicio (1999), que es a su vez el segundo elemento de una trilogía, la cual ha ido siendo publicada en libros separados y que espera su edición futura en un solo tomo. Es un libro que escribí, o transcribí, como si hubiera estado poseído por un súcubo verbal, al grado de que, cuando no escribía, persistía en crear unos collages, también eróticos, algunos de los cuales se publicaron en la segunda edición en Argentina y dos más aparecen en Prosa: fue un acierto del editor Marcelo Tápia utilizar estos collages, que considero parte integral de esa escritura.

Este libro tiene para mí una importancia capital, puesto que constituye el eslabón de unidad, el eje, la espina dorsal de esta trilogía, compuesta además por Negro Eterno (1997) y Torsos Tórridos (2001), la que fue concebida como una Erótica-Etica: se persigue en Negro Eterno un Eros bajo el pliegue del canto popular y de la melodía, en Vicio un Eros filtrado por la plasticidad del cuerpo en los espacios y en Torsos Tórridos un Eros designado sobre las superficies mundanas del vestido, es decir, boleros y baladas, el mundo oscuro íntimo y la moda femenina. Pero, puesto que poesía no es filosofía, aunque ambas se toquen en tantas de sus salientes, y que su estatuto es poético y no teórico, la escritura de estos textos desarrolla una noción de sistema muy personal. Estos libros no son, precisamente, tratados de ideas sino de sentimientos, posturas y superficies. Naturalmente, ignoro si consigo mi objetivo.

Por ese cauce corre Prosa do que está na Esfera.



Em entrevista ao poeta dominicano Carlos Rodríguez Ortiz você afirmou que não estava seguro de que escrevia poemas. Aqui no Brasil tem se tornado recorrente a discussão a cerca da eliminação de fronteiras entre gêneros. Como você insere seu trabalho nesse contexto?



Mi respuesta de ahora es la de entonces: no puedo asegurar que lo que escribo sean “poemas”, si la referencia es al hecho cerrado, al constructo nucleado a que remite este concepto en ciertas preceptivas. Prefiero identificar la noción de poiesis más allá de las márgenes que permite un “poema”, pues descreo de él como objeto prosódico cerrado: existe el texto (y punto) y mi proyecto es construirlo como calidoscopio: de los entrecruzamientos de géneros a las alusiones y enunciados de la realidad en bruto, de las letras puras a las mazmorras de la autobiografía. Ni fondos ni formas sacros. Absoluta heterodoxia. Además, mi verdadero interés no es escribir “poemarios”, pretensión apabullante, sino mosaicos de canciones, listados de posibles posturas sexuales, catálogos de ropa íntima, bestiarios personales, folletos propedéuticos, etc.

Es ahí donde me encuentro con varios compañeros de camino. Hay una nueva fractura. Libros como Catatau, de Leminsky, por ejemplo, o Campo de Fuego, de Roberto Mascaró o Guatambú, de Mario Arteca testimonian claramente la absoluta contigüidad de los géneros en la estela de este nuevo decir. En mi país tenemos a Cayo Claudio Espinal, creador del Contextualismo (que proviene a su vez del Pluralismo, enunciado en los 70 por el músico-escritor Manuel Rueda, quien también practicaba el Concretismo). El último libro de Espinal, La Mampara (2002), es el texto más ambicioso jamás escrito en nuestra historia, un verdadero acontecimiento de pulsión lingüístico-imaginativa, collage de contextos que incluye comedia, ensayo, fotografía, drama, cómic, gráficos, economía y hasta color, para no decirlo todo. En ese tenor se revela también el travestismo escritural de Roberto Echavarren, el movedizo miniaturismo de Reynaldo Jiménez o el ensayismo rudo de Octavio Armand.

Brasil se encuentra ahora a la vanguardia de estas discusiones (a las que yo me inscribo desde aquí) con una febrilidad notoria y un resultado bastante sustantivo, en términos teóricos y de creación. Estos debates se encuentran un poco olvidados, cuando no dispersos, lamentablemente, en América Latina, salvo por la periferia neobarroca y algunos novísimos que retoñan por ahí. Los demás se han dormido en la Academia.

Este mismo interés explica que haya “excrito” estos tres libros en cada una de sus reediciones (nota: ver Poética: la excritura)



Mercedes Roffé, poeta argentina, afirmou que a metáfora morreu e você não só endossou esse pensamento como se referiu ainda a um “marasmo da reciclagem de símbolos e a cópia vil de um só autor”. Que novas possibilidades se apresentam, então, no processo da escrita?


Debo aclarar que cuando hablaba del “marasmo da reciclagem de símbolos e a cópia vil de um só autor” me refería más bien al ámbito específico de la poesía dominicana de las últimas dos décadas (con sus islas de disidencia, claro), aunque es esta una situación que aparece también en otras zonas de la lengua en que escribo: lo he visto en el afán simplista y fofo de algunos jóvenes poetas latinoamericanos, se rastrea en las apabullantes improntas nerudiana y paziana presentes en ciertas franjas y en las secuelas de la “poesía de la experiencia” española, por ejemplo, que nunca me acabó de convencer.

Abundando sobre la “muerte de la metáfora”, no desdigo de su uso, a menos que se muestre excesivo, y en ese caso mi rechazo se extendería a cualquier otro abuso. Incluso, como supo ver Haroldo de Campos, una poesía tan importante como la mexicana proviene de esta tradición, y su validez es insoslayable. Dice Paul Celan: “un estruendo: la verdad misma se ha presentado entre los hombres, en pleno torbellino de metáforas”. Se trata de eso mismo: de estallidos, fogonazos. A mi me interesan más bien las contundencias: no el disparo sino la herida, la estampida más que la polvareda. Me he tomado las palabras de Roffé como un grito de combate, como el símbolo de una fractura. Entiendo que el veredicto de esta muerte es más abarcador: demonizando el tropo se procura hacer arder otras técnicas manidas: cuando el coto del poeta se amplía atraviesa en tromba por figuras de dicción, figuras de construcción: quiere escribir borrando. Es ahí donde se puede concretar (o vislumbrar, tal vez) una nueva escritura.



Essa crise da metáfora é recorrente no mundo pós-utópico como afirmou também Haroldo de Campos?


Hay crisis de muchas cosas en nuestra actualidad y, como dice la pregunta, mejor la crisis (de la que siempre brota un rango de posibilidades) que la muerte (que es estéril). También hay crisis del imaginario, la que los norteamericanos, tan tremendistas siempre, tratan de resolver imponiendo compartimientos estancos: literatura chicana, literatura femenina, literatura queer, y demás barbaridades.

Haroldo estableció mejor que nadie la crisis de la poesía en su ensayo “Poesía y modernidad: de la muerte del arte a la constelación”. Cuando Noigandres, en su radicalidad, asumía la significación del espacio gráfico e inventaba su planeta “verbivocovisual”, daba cuerpo teórico a la trascendencia de una utopía (que la hubo también en la poesía: ahí nos queda Neruda con su Canto General como insistencia, un libro tan mal leído por Harold Bloom). El propio Haroldo, nuestro demiurgo, continuó con la torsión verbal, la intertextualidad de las “galaxias” su crítica masiva y, ahora que murió, sigue más vivo que nunca en su legado

Según entiendo, el único mesianismo que admite la poesía postutópica es el del caos de los lenguajes, que, contaminándose entre sí, habrán de fraguar otros. “Procedimiento más”, continuando con Haroldo.



Severo Sarduy afirmou uma vez em seu livro Barroco: “delapidar da linguagem unicamente em função do prazer – e não, como pretende o uso doméstico, em função da informação”. Nesse contexto, como você pretende compor uma “erotografia poética” como afirmou o poeta Cláudio Daniel a respeito do seu trabalho ou uma Erótica em que você pensa sua escrita?



Me alegra que menciones a Sarduy, a cuya obra deslumbrante siempre me asomé como a un precipicio en cuyo fondo me siento cómodo, pues para él (y yo me sumo) erotismo es malgasto (de la energía, del deseo, de los pulsos vitales) y ninguna mejor analogía con la propuesta-gratuidad de la escritura poética como el asalto con la catapulta de la sinuosidad a la corrección gramatical de los intelectuales del Poder, como agresividad de forma y sentido sensorial contra las estructuras discursivas del Control, que siempre deja a la intemperie al “otro”: a la mujer, al loco, al gay, al negro, al niño, al pobre, al poeta y al que reza a otro dios.

Ese es el flujo de la trilogía cuyo apéndice es Prosa do que está na Esfera (aunque, claro está, no de todo lo que he escrito ni de lo que actualmente desarrollo). Es una Erótica (y, por tanto, una Etica) que se propone en doscientas y tantas páginas.

Claudio Daniel es no sólo un excelente poeta y traductor, sino también un crítico sagaz que ha sabido ver lo que yo no en mi obra. Me he sorprendido leyendo sus palabras, que identifican para mí lo que sólo vislumbraba intuitivamente.



Você está incluído na antologia Jardim de camaleões (poesia neobarroca na América Latina) a ser publicada no Brasil. O que você pensa do neobarroco? A poesia neobarroca pode afetar o cânone literário?


Primero debo decir que es un honor encontrarme incluido entre tantos poetas admirables, casi todos amigos míos y a quienes leo con fervor, unidos por el hilo de la crítica en esta antología. No sé si mi escritura es neobarroca, nunca la he concebido como tal, pero creo entender que, precisamente, si algo no es lo neobarroco es canon, del que aquel se escabulle por el núcleo de su definición, y de ahí su seducción y virtud de camuflaje.

Lo barroco es un impulso, corriente linfática fácilmente registrable a lo largo de la historia del arte, de la historia del Hombre. Fue Sarduy quien propagó con claridad un momento neobarroco, que se propaga hoy por toda la América de lengua lusa y española, más afincado aún por Haroldo de Campos –nueva referencia a él– en su ensayo O secuestro do barroco na formaçao da literatura brasileira. Cuando luego Néstor Perlongher lo bautiza “neobarroso” pretendía, indudablemente, ir más allá de la referencia al barro de los fondos del Río de la Plata, y también quiso decir neoresbaloso: la elusividad, inasibilidad, pero a la vez submarinismo, una pesca de alta mar que se realiza con las redes de la intertextualidad y la interespacialidad, con anécdota y coloquialismo, descripción y referencia, polifonías y paronomasias. Su abanico es tan amplio que involucra a poetas como el uruguayo Eduardo Espina quien, más que neobarroco, se autoproclama “neorococó”.

El neobarroco es un momentum que está produciendo la escritura más significativa en este hemisferio.




Numa época em que a palavra está posta à prova e sofrendo constantemente desgaste e que a informação é hiperbólica, a poesia se reveste de alguma potência na sociedade contemporânea?



Definitivamente sí, aunque es de ilusos creer que puede cambiar al mundo. No nos quedan utopías, recordemos, apenas contamos, para intentar una cosecha, con el individuo (lector o escritor) y evitar que se disipe en la contundente actualidad de universos virtuales, simultaneidad del hecho histórico y su información: impedir la abolición de la persona en el ámbito de la uniformidad.. Yo me conformo con la influencia que consiga acuñar entre mis estudiantes.

El poeta representa hoy día la necesaria resistencia: es como una reserva de lumbre espiritual que no engulló la economía.



o que você elege como leituras de formação e quais os textos que ultimamente mais tem te seduzido?


Me creo lo que se dice un lector caníbal y caótico, heterodoxo, anarquista, desigual y, sobre todo, hedónico. Mi desatino (o tal vez mi diana) es registrar cada lectura como poesía, o, mejor dicho, exprimir los zumos poéticos de un texto cualquiera. Recuerdo haber leído en los 80 el Tractatus Lógico-Philosophicus como si se tratara de lírica con traje racional y a Ada o el ardor (de Nabokov) como un poema en 400 páginas. Así leo la Biblia, el Diccionario de la Real Academia Española y las policiales de los diarios, y en todos y en cada uno descubro un río de poesía, esa sustancia insoslayable que se filtra sola ante cualquier descuido del lector. También suelo conspirar con en el lenguaje de la filmografía. Soy un maldito lector con desperfectos y ello produce, creo, mi “insuficiencia” (citando a Armand) como escritor.

Además, claro está, leo mucha poesía clásica y contemporánea, en inglés y español (los idiomas que domino) y traducciones, aunque voy de extremo a extremo: del OULIPO y el grupo LANGUAGE a Char y John Ashbery, de Herberto Helder y Ramos Rosa a Wilson Bueno y Claudio Daniel, de ORIGENES y La Poesía Sorprendida al Concretismo, la Escuela Alógena y Diáspora(s). Las visiones femeninas (sin ánimo disgregante, más bien por su incidencia en mí) del poema me impresionan: Blanca Valera, Cecilia Meireles, Isabel Fraire, Marosa di Giorgio, Ana Becciu, Tamara Kamenszain, Josely Vianna Baptista, Mercedes Roffé, Susana Villalba, Coral Bracho, Romina Freschi, Jussara Salazar, Eleonora Requena y las norteamericanas Dickinson, Moore, H. D., Bishop, Rich, Anne Sexton, Plath, Lyn Hejinian y etc.

También la base de la poesía latinoamericana actual: Vallejo, Herrera y Reissig, Lezama, Girondo, Carlos German Belli, Lorenzo García Vega, Gonzalo Rojas. Son muchos nombres en verdad. Entre mis cuasi-contemporáneos, me deslumbran José Kozer, Octavio Armand, David Huerta, Mirko Lauer, Perlongher, Roberto Mascaró, Aníbal Núñez, Raúl Barrientos, Sánchez Robayna, Echavarren, Milán, Eduardo Espina, Gabriel Jaime Caro, Pere Gimferrer. Más cerca, Reynaldo Jiménez, Carlos Riccardo, Rafael Courtoisie, Noel Luna, Ernesto Lumbreras, Mario Arteca, León Plascencia Ñol, Víctor Sosa, D. G. Helder, Heriberto Yépez, Abraham Gragera, Jorge Ortega, Luis Chaves, Aníbal Cristobo...y en el ámbito dominicano Alexis Gómez Rosa, José Mármol, Carlos Rodríguez Ortiz, Plinio Chahín y Néstor Rodríguez.

Y, por último, me alimento por trasvase, por palabra intravenosa, de algunos poetas de lengua inglesa que hasta ahora he traducido: Eshleman, Richard Kenney, la Escuela de New York, Charles Wrigth y un largo etcétera. Y siempre, siempre, Fernando Pessoa.

En estos momentos leo una Guía del Tiempo Meteorológico y un Tratado de Psicofarmacología. Pero mi última seducción es esa gran poeta brasileña que escribió poços poemas: Clarice Lispector.



Como foi o seu contato com a poesia brasileira e como está o seu diálogo com os poetas do Brasil?



Hace tiempo que leo a los poetas brasileños ya clásicos y muy traducidos, como el Grupo Noigandres, Vinicius de Moraes, Bandeira, Drummond, los dos de Andrade y Cabral de Melo Neto. También en la década de los 80 la Embajada de Brasil en República Dominicana regalaba a los lectores los libros de la colección de poesía “Tierra Brasileña”, que nos amplió el panorama con Cassiano Ricardo, Murilo Mendes, Cecilia Meireles, Jorge de Lima y Lêdo Ivo, que causó sensación en mi generación; después, ya en New York, descubrí a Ferreira Gullar y a Ana Cristina Cesar.

Cuento además con la fortuna de ser amigo y colaborador de Reynaldo Jiménez, poeta extraordinario y uno de los editores de la revista Tsé=Tsé. A través suyo conocí a Claudio, Assunção, Garcia Lopes y al argentino Cristobo, que vivía en el Brasil y traducía frecuentemente y, como en cadena, ellos fueron eslabones para conectar con la impresionante realidad poética de ese país. Así pude leer y degustar, aparte de los ya mencionados, las traducciones que se han hecho de Glauco Matosso, Horácio Costa y Carlito Azevedo, pero también a Douglas Diegues, Humberto Mello, Arnaldo Antunes, Ranieri Ribas, Bonvicino, Elson Fróes, Ricardo Corona y algunos más.

Cada vez me asombra más la salud de la poesía brasileña: un iceberg de sorpresas, un ejercicio trascendental que marcará la historia de la literatura.