jueves, 15 de noviembre de 2012

ENCENDIMIENTO


ENCENDIMIENTO: pero la luna deja anula impone (considerar “expone”) –diadema que declina– su residuo ultravioleta

el símbolo sesgado de los ciegos

la luna [es una sola] gran testículo de plata, de un sol de laca leve: la gema de mi sed, su cepa capital tributando escalofrío

es un guarismo nulo (trabajar, cambiar por “hembra-lobo” o por “luna de aluminio”), circunferencia estéril de cristal en convulsión

astrolabio (es decir: cuerpo celeste y boca) del vampiro: brújula de vena cava [ojo: por el cuello la que va es la yugular]

un ovario reprimido, de simiente circular, que tiene plata propia (aquí repite plata)

su pus se expande en paz de sucesión celeste, –de fases deshaciendo su tapiz– como de negro a nácar: luna negra / siniestrada, cuando un lobo ahuyenta al yo (quiso escribir “aullido”: desde aullido ya corroe [sugerencia])

de su mama exprimo niebla –que destila mi destino

siendo vidrio disecado y emboscada de escayola (piensa en tizas de colores, por pensar en “acuarela” para dibujar las nubes), esta luna es a la vez que dibujo borradura en un condón de gasa

agujero abarrotable, semicírculo ulcerado (supra, ver)

a veces como un quiste de candela que sedimenta encima de la luna lubricada (¿qué sedimenta qué, y por qué “encima” cuando cuenta con “subsuelo”?)

luna ígnea, sobrenadando en nada, arrancando / o a partir / de un crepúsculo de estiércol

y la luna es una hoz que decapita espacio, que ilumina con azufre, pavimentando el éter

una luna de volúmenes binarios pero que ejerce a veces como imán remoto (ampliar con elipsoides, sinusoides y mareas moribundas)

luna vela, mortecina, siempre a punto de estallar…


NOTA: En la poesía arábiga clásica hay un recurso llamado “encendimiento” en el que el poeta provoca la atmósfera poética con un prólogo empalagoso acerca de boscajes, arroyos y ruiseñores, y luego, rápidamente, antes de que se disperse, se refiere al tema de que trata realmente, un relato halagador, digamos, del valor, la piedad y la magnanimidad de su protector, o a sabias reflexiones sobre la brevedad y la incertidumbre de la vida humana. Cfr: Robert Graves, La diosa blanca, Alianza Editorial, Madrid, 1986, tomo I, pp. 30-31, trad. Luis Echávarri

IMAGEN: "Luna", fotografía de Lucía de Luna